Katinaria, la nueva línea de cerámica gastronómica

La irrupción de la cocina de vanguardia liderada por Ferrán Adrià lo cambió todo. Ese movimiento se sustentaba en un manifiesto de 23 puntos básicos. En él algo quedaba claro, se debe prestar atención a los cinco sentidos, y no sólo al gusto o al olfato. El sentido de la vista adquiere máxima importancia. Lo visual, la presentación, se imponen. Todo vale para alcanzar el placer visual y la sorpresa del comensal. Por eso no sorprende que cada vez se dé mayor relevancia al soporte, al plato, al recipiente que contiene la comida.  Bien lo sabe Katina Vich, la creadora de una línea de cerámica pensada, diseñada y elaborada específicamente para el mundo de la gastronomía.

Sus inicios

Katina proviene de una familia que desde hace más de cien años guarda profunda relación, profesional y sentimental, con el barro. Fue el oficio de su bisabuelo, de su abuelo, de su padre y ahora es el de ella. De niña, durante las vacaciones estivales, iba a juguetear con el barro al tejar artesanal que tenía la familia en el municipio de Pòrtol. Pronto demostró una especial destreza, una sorprendente habilidad con las manos, tanta que su padre le montó un torno para que elaborase sus propias piezas. Había empezado un idilio con el barro que se mantiene hasta hoy.

Con el tiempo abrió lo que hoy es su tienda taller en Santa María, el pueblo donde vive. En sus comienzos elaboraba toda clase de piezas de cerámica tradicional pero pronto, dada su especial maestría con el pincel, decidió hacer cerámica decorativa. Pintaba sus propios dibujos en baldosas de pared, platos, fuentes, tazas… siempre investigando, viajando, buscando cuál era la decoración más atractiva. Su carácter inquieto, su deseo de mejora y, especialmente, un marcado componente creativo le impulsaron a evolucionar, a distinguirse.

Y pronto lo consiguió. Ella fue la primera ceramista en pintar sus piezas con las típicas “lenguas mallorquinas”, hoy tan de moda y tan copiadas en el mundo de la cerámica. Con su hablar pausado, meditado, Katina cuenta cómo sucedió: “Encontré el referente hace treinta años en una visita que hice a Raixa, la mítica posesión mallorquina. Me permitieron entrar en la cocina y me encontré que todo el frontal era de baldosas pintadas con lenguas. Cuando lo vi me quedé fascinada por su belleza, por su armonía, e inmediatamente empecé a pintar lenguas sobre mis baldosas y platos. Nadie lo hacía entonces, de hecho, tan novedosas fueron que no funcionó bien, no se vendían. Con el paso del tiempo han triunfado y hoy ya las hacen en cualquier parte”.

Katinaria

Pieza inspirada en las “lenguas mallorquinas”

Desde sus inicios Katina siempre ha buscado la diferenciación, “tengo la necesidad de hacer cosas nuevas, personales, diferentes, es lo que más me gusta de mi trabajo. Me interesa crecer, disfrutar de las cosas que hago, emocionarme con mi trabajo”. Así que no sorprende que ese componente creativo, incluso artístico, unido a una gran pasión por la comida y la cocina, haya derivado en su nueva línea de cerámica gastronómica Katinaria.

La firma Katinaria

Katinaria

“Todo empezó hace tres años a raíz de unos encargos que me hizo el cocinero y asesor gastronómico de grupos hoteleros Josep Moré. Me pidió unas piezas de cerámica muy concretas, pensadas para embellecer el servicio de bufet de algunos hoteles que asesoraba. Las hice a su medida y, después, cuando me enseñó las fotos de mis piezas con la comida en el bufet y vi esa perfecta unión entre cerámica y comida quedé fascinada por esa combinación, por la elegancia, por la fuerza del resultado final”. Su voz dulce, melosa, prosigue sin pausa: “Desde ese momento empecé a poner toda mi atención no sólo en el pincel sino en hacer piezas que sirvieran para vestir una mesa y realzar la comida. Así fue cómo surgió mi línea de cerámica gastronómica”.

Su trabajo es un trabajo creativo que tiene por objeto acompañar y compartir la creatividad de los chefs, es un potenciador de sus creaciones. “A la hora de crear tengo muy presente que no pueden ser piezas muy decoradas para evitar quitar protagonismo a la comida. Por eso, ahora, más que dibujos prefiero realizar trazos de colores, básicamente en colores neutros, sin uniformidad concreta, siempre pensados para destacar la comida. Ahí está el gran cambio, hasta ahora mi decoración a pincel era la protagonista del plato, ahora la protagonista es la comida que está en el plato. Quiero que mi cerámica acompañe a la comida, que vayan juntas, no quiero que mis soportes vayan solos”.

La vista. Ese sentido imprescindible en toda presentación culinaria, en toda comida. Imprescindible no sólo para la alta cocina sino también para cualquier profesional exigente, detallista, con deseos de agradar, de sorprender.  Por eso “mi línea Katinaria va dirigida a cualquier persona que se dedique a la cocina de una manera creativa. Mis piezas con sus formas, colores y distintos tamaños están pensadas para satisfacer las inquietudes estéticas de mi cliente, ya sea un bar, una taberna, un restaurante o una gran cadena hotelera. Están pensadas para todos los profesionales que busquen la distinción y quieran aportar algo que vaya más allá de la comida.”

Todas las piezas de las colecciones de cerámica gastronómica Katinaria son artesanales, únicas, irrepetibles, y cada una ha sido creada con un mismo fin: satisfacer al cliente y sorprender al futuro comensal. Pueden verlas todas en su cuenta de Instagram @Katinaria_ceramicamediterranea.

Ya lo saben, a partir de ahora cuando en un bar, un restaurante o un bufet se vean sorprendidos por la belleza de una presentación culinaria sobre cerámica, denle la vuelta y comprueben si lleva la firma de Katina.

Cerámica Katina Vich

C/ Bartolomé Pascual, 7  Santa María

Tel. 669 578641

Instagram: @katinaria.ceramicamediterranea

Voz Gourmand by Jaime Vidal

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