La tortilla de patatas del bar Micar

Nunca antes la había probado pero algo se rumoreaba para bien de la tortilla de patatas del Micar. El Micar es un bar de barrio, muy de barrio, cerca de la plaza Santa Payesa. Probablemente si no lo conoces pases de largo por delante de su puerta sin entrar. Si entras en busca de su tortilla de patatas, como hice yo, pronto la descubrirás luciendo hermosa sobre el mostrador. Hoy había una, de gran tamaño, bastante alta, oronda y de un dorado oscuro en su parte superior.

He pedido mi ración a Paco, el propietario, que desde que su padre se jubiló lleva el bar en solitario. Paco hace las tortillas a primera hora de la mañana, siguiendo siempre la receta que le enseñó una tía suya que era cocinera. Son altas como las tortillas del Norte, sin cebolla, y con varias capas de abundante patata cortadas por igual. No estaba seca por dentro pero tampoco tenía ese líquidillo  tan buscado por muchos amantes de la tortilla y tan destestado por otros. Entre ellos el gran maestro Josep Pla que se quejaba amargamente de que cuando sucedía “la tortilla queda cruda por dentro, defecto que presentan tan a menudo las tortillas que sirven en este país”.

Tortilla de patatas

Era una ración generosa, esponjosa, demasiado tostada en su exterior, sápida y correcta de sal.  Una tortilla que está por encima de la media, y eso no es poca cosa ante el reto y la dificultad que supone hacer una buena tortilla de patatas. Exige  temple, concentración y conocimiento. Y eso Paco lo sabe, porque además de propietario y cocinero es un gran aficionado a la gastronomía, al buen vino y a la buena mesa. Una pasión que siempre juega a favor de sus clientes. En resumen, si pasas por delante del bar Micar, entra y pide una ración de tortilla de patatas. No creo que te arrepientas

 

Voz Gourmand by Jaime Vidal

 

 

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