Foodies

Foodies, los nuevos gastrónomos

Si desde siempre ha existido un término asociado a los aficionados a la gastronomía ese ha sido, sin duda, gourmet (voz francesa aceptada por la RAE). A veces también y a modo de sinónimo suyo la palabra “gourmand”. Ahora bien, desde hace ya algunos años existe un nuevo término para distinguir y englobar a todos los amantes de la buena mesa: el “foodie”.

El  foodie es un apasionado por la comida, por la bebida y por todo lo que tenga relación con ellas. Pero a diferencia del gourmet, quien gracias a su gusto refinado, su paladar entrenado y sus altos conocimientos sobre los platos más sofisticados muchas veces es un profesional de la industria, los “foodies” son amateurs, son sabios vocacionales. Así puede considerárseles pues tienen un profundo afán de conocimientos gastronómicos.

Estudian, investigan en libros, revistas, webs, y mantienen una permanente e incansable búsqueda que les permita descubrir nuevos restaurantes, jóvenes bodegas o actividades relacionadas con la gastronomía. Todo “foodie” conocerá decenas de restaurantes acordes con su presupuesto. En su mayoría serán restaurantes que tienen algo que ofrecer, que mostrar, algo distintivo, particular. Pero el buen Foodie, el aplicado, no se limitará a saber de restaurantes. No, para nada. El buen Foodie también sabrá dónde se encuentra el horno que vende el mejor pan o la mejor ensaimada, la  charcutería más indicada para determinado embutido o a qué bodega dirigirse para vivir una intensa cata de vinos.

Foodies

La existencia de este importante grupo de aficionados, más numeroso a cada año, no ha pasado desapercibida para el sector. Los más avispados han empezado a programar rutas gastronómicas para ellos, rutas hechas a su medida y muchas veces realizadas por chefs de reconocido prestigio, a quienes se les conoce como “food sherpas”. Serán ellos, estos food sherpas, quienes los guiarán por rutas gastronómicas alternativas a las habituales, menos populares más selectivas. Lugares elegidos por su especial encanto y su calidad gastronómica. Aunque estos tours suelen dirigirse a foodies de cierto poder adquisitivo, el número de estas rutas gastro está aumentado rápidamente, lo que permite encontrar opciones más asequibles económicamente.

Poco a poco los “foodies” se han ido agrupando a través de páginas web donde comparten sus gustos y preferencias, organizan excursiones, catas, o realizan talleres gastronómicos. Para tener acceso a estas actividades suelen darse de alta bajo suscripción en clubs privados. Buenos ejemplos de clubes foodies son los de estas dos páginas web http://www.gastroactitud.com y  http://clubfoodies.es

Y, cómo no, también se intercomunican y se sirven de las aplicaciones para el móvil que no han tardado en aparecer. Ya son muchas las aplicaciones donde elegir. Una de las más populares es “foodspotting”, una guía que te permite buscar restaurantes y además hacer una valoración de sus platos. También está “foursquare”. Una aplicación que te permite hacer una búsqueda adaptada a tus gustos para encontrar los restaurantes de cualquier ciudad. O las dos aplicaciones de miles de recetas “cookbooth” o “cookpad” para que cocineros amateurs de todo el mundo puedan guardar y compartir recetas. También ha surgido una aplicación imprescindible para todo buen aficionado al vino. Es “vivino”. Tras sacar una foto de la botella de vino en cuestión esta aplicación nos dará acceso a la información de sus diez millones de usuarios.

Primero fueron los gourmets, luego los gourmands, ahora los foodies, distintas variaciones sutiles de la poco definida voz española gastrónomo. Da un poco igual la etiqueta. Lo único importante y cierto es que tanto unos como otros tienen algo en común: la pasión por la comida y la bebida. Para los más intensos no es una simple afición sino un estilo de vida.

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